MI VERDAD DEL CASO ALVES
Corre mucho odio en esta Cataluña que no prospera. La violencia contra la mujer no se admite en la tribu maldita de Wilfredo el Velloso....
El dinero nunca es suficiente. El que no lo tiene, lo ansía. El que lo tiene, teme perderlo. Nos pasamos la vida para asegurarnos una estabilidad que siempre parece escaparse.
HUELVA, 31 DE MARZO 2025.
Desde que nacemos, la vida se nos presenta como una carrera con múltiples metas: Salud, dinero, amor, trabajo, éxito… Desde pequeño nos dicen que alcalnzarlas nos harán felices, pero la realidad es otra. La felicidad completa es un espejismo.
Todos conocemos ejemplos. Como el de mi amigo que después de estar muy feliz con una operación de cadera, sin esperarlo, se le ha complicado la prótesis y está ingresado en el Hospital.
La salud no es eterna. Desde jovenes, creemos que el cuerpo nos pertenece, pero con los años se convierte en un campo de batalla contra el tiempo. Al llegar a una cierta edad, el cuerpo se convierte en un edificio antiguo al que con los años le aparecen “goteras” (enfermedades, dolores, achaques…), y hay que acudir a los técnicos (médicos) para repararlas.
Sabiendo que nunca quedará igual y nos debemos conformar cuando te preguntan: ¿Cómo estás?, responder con un “¡Bien, sin entrar en detalles!” O, “¡Vamos tirando!”.
El dinero nunca es suficiente. El que no lo tiene, lo ansía. El que lo tiene, teme perderlo. Nos pasamos la vida para asegurarnos una estabilidad que siempre parece escaparse. El amor es frágil. Soñamos con encontrar a alguien que nos haga sentir plenos, pero el amor humano es imperfecto.
LA RESPUESTA NO ESTÁ EN LA META, SINO EN LA FORMA DE CORRER
El trabajo es un arma de doble filo. Por un lado, nos realiza, pero también nos esclaviza. Muchos viven para trabajar, no trabajan para vivir. Y cuando llega la jubilación, se encuentran con el vacío existencial.
El tiempo es cruel. No podemos pararlo. Se lleva nuestros años, a nuestros seres queridos, nos arrebata oportunidades y nos deja con una nostalgia que pesa más con los años.
La felicidad es fugaz: un instante de risa, un abrazo, un beso, una mirada, una palabra, una canción favorita, un logro profesional…, pero siempre hay algo que nos preocupa, que nos falta.
Siendo así, ¿vale la pena seguir corriendo?. La respuesta no está en la meta, sino en la forma de recorrer el camino. No existe la vida feliz, pero si momentos felices. No hay éxito definitivo, pero si pequeñas victorias.
El secreto, quizá, no sea buscar la felicidad como un destino, sino aceptarla como un instante entre la lucha.
Querido amigo, este BD te lo dedico a ti, que lo lees en tu habitación del hospital.
Te admiro por tener la fortuna de poseer tres valores claves en tu situación: resiliencia, optimismo y paciencia.
Y, además, el valor de la sabiduría, al entender que la carrera de la vida nunca se gana del todo…
Pero, merece la pena correrla.
¡BUENOS DÍAS!
Comentarios